ENTRE EL CORPORATIVISMO
Y LA DEMOCRACIA REPRESENTATIVA
“El Frente Amplio no tiene “una visión clara de un mercado competitivo y abierto en el que todos los actores tengan la capacidad de poder desarrollarse, con órganos reguladores que tengan independencia técnica y funcional, sino que la tendencia actual es a la concentración del Estado, en un tire y afloje de distintas visiones del partido de gobierno que terminan emitiendo señales ambiguas sobre la forma de interpretar el modelo de desarrollo”
Así sintetizó el Senador Sergio Abreu una de las diferencias fundamentales entre el continuismo y la propuesta del Partido Nacional.
El legislador nacionalista analizó para La Democracia, temas coyunturales y estructurales de cara a las próximas elecciones.
Por Aníbal Steffen
¿Cómo está percibiendo el actual escenario electoral?
El escenario electoral muestra hoy una visión bipolar muy definida, que de alguna manera está identificando el país del futuro. Ya no es sólo una campaña electoral.
No estamos enfrentados exclusivamente a un ejercicio de rotación de gobiernos.
Acá hay aspectos fundamentales que hacen, en primer lugar a valores esenciales como es estado de derecho, la vigencia de la constitución, los derechos fundamentales, las normas que rigen no sólo la vida electoral sino el equilibrio del poder y sobre todo el funcionamiento armónico entre los tres poderes del estado.
¿Ante ese panorama, cual es concretamente su actitud como integrante del Partido Nacional?
Y bueno… yo tengo una gran preocupación por acentuar nuestra vieja tradición, de defensores de las leyes, de respetuosos de la norma, de un partido que ha instalado en el Uruguay la vigencia de la libertad con garantía constitucional.
Nosotros tenemos la convicción de que el sistema democrático se basa en el pluralismo y la representación.
Ésta última, cuestionada hoy por la visión de la participación como una forma de comunicación política entre gobernantes y gobernados, que ha llevado a tantos países a debilitar el sistema.
Me preocupa cómo se ejerce el liderazgo político y la responsabilidad de un Presidente de la República que necesita el respaldo de un partido político sólido.
Y cómo fortalecemos la vigencia de los partidos políticos como factor central del sistema.
¿Cree que hoy esos valores están en cuestión?
Me parece que en ese sentido estamos enfrentados a una visión mucho menos comprometida según la cual la democracia es una estructura burguesa con la que hay que convivir con desgano, donde los derechos y las obligaciones del ciudadano se miden en función de lo que el ciudadano piensa y de cuál es su filiación o su identificación política y no en su condición objetiva de persona.
Eso es muy importante, porque cuanto más avance el criterio hemipléjico, esa tendencia a mirar con un ojo solo al país, comienza a mirarse con una visión completamente despareja y asimétrica la vigencia del derecho, las responsabilidades de los actores, del pasado y del futuro, la forma de encarar las reparaciones y la manera de interpretar los derechos humanos de unos y de otros.
Entonces estamos ante el gran desafío: cómo vamos a restaurar el sistema democrático y las libertades, los partidos políticos y, sobre todo la visión democrática donde la representatividad sea el eje de la forma en que se interpreta la vida democrática y no la participación en sustitución de la legitimidad de los representantes a través del Parlamento.
En este sentido, el gobierno actual ha hecho gala de una visión sesgada, muy diferente de la que defiende el Partido Nacional.
¿La bipolaridad de la que hablaba se refiere exclusivamente al campo institucional?
No. Se transfiere también al modelo de desarrollo y a la forma en que un gobierno interpreta al país desde su filosofía de manera unívoca.
Durante cinco años hemos estado caminando con un pie descalzo y otro calzado. Por ejemplo, el rol del Estado.
Hay sectores que le atribuyen una participación muy directa y hay una izquierda más pasteurizada que le adjudica un rol menos activo y que comienza a entender, con cierto pragmatismo, que el mercado es insustituible.
Se produce entonces internamente una lucha de interpretación de la sociedad, la que el Presidente de la República termina siendo el encargado de una terapia de grupo a nivel de un órgano de conducción política del país como es el Consejo de Ministros.
No sabemos claramente dónde está el eje del pensamiento del gobierno para definir el proyecto de país.
¿En qué ejemplos concretos encuentra esa indefinición?
La visión social que mezcla asistencialismo con recuperación.
La visión de la seguridad en la que subyace la rémora de la represión de la dictadura y que tiene resentimientos sobre las instituciones y no las sabe conducir y que no interpreta debidamente la triple vertiente de la prevención, la represión y la rehabilitación.
¿Y en materia de política económica?
En el modelo de desarrollo, no hay una visión clara de un mercado competitivo y abierto en el que todos los actores tengan la capacidad de poder desarrollarse, con órganos reguladores que tengan independencia técnica y funcional, sino que la tendencia actual es a la concentración del Estado, en un tire y afloje de distintas visiones del partido de gobierno que terminan emitiendo señales ambiguas sobre la forma de interpretar el modelo de desarrollo.
Y por otra parte, cualquier reforma estructural se enfrenta a los intereses corporativos.
Esos intereses corporativos que este gobierno viene interpretando en sustitución de los verdaderos elementos de la representación popular.
Cuando se va al fondo de la educación se choca con la corporación; cuando se va a la política de energía se choca con la corporación; cuando se va a la seguridad ocurre algo similar.
Y va quedando en forma implícita una especie de deslizamiento hacia un modelo de desarrollo en el cual el gobernante comienza a interpretar una relación más directa con las corporaciones y con el pueblo, mucho más cerca del sistema fascista que de la democracia auténticamente representativa.
En eso no estamos solos. Hay en la región países que parecen encaminarse rápidamente hacia esa situación.
Por eso, como Partido Nacional, tenemos que reencontrar el viejo tronco histórico de nuestra visión estratégica, que no es exclusivamente una visión diplomática.
Como lo he dicho en otras oportunidades, o somos un país bisagra o somos Gibraltar.
Tenemos que incorporar una serie de elementos de fondo que hoy están ausentes de este gobierno en el que prevalecen criterios internacionalistas superados; modelos socialistas que no tienen muy en cuenta el concepto de Estado – Nación.
No ha tenido siquiera una visión nacionalista de lo que es el interés del país vinculado a distintos actores en el ámbito de la región. Este es otro elemento muy de fondo.
La prueba más clara es que el gobierno durante cinco años creyó que las afinidades ideológicas le iban a permitir recorrer un camino armonioso.
Y descubrió tarde y mal que los países no acumulan por sublema.
Con esa visión hemos perdido también el concepto de conectividad física, el de cooperación entre los estados, el concepto de la vecindad, que debió ser mirada desde el punto de vista del interés nacional y no desde el punto de vista de las simpatías ocasionales y sobre todo la firmeza para enfrentarse en el ámbito de la región y fuera de ella a los distintos mandatos de amigos y enemigos que nos presionan para interpretar nuestra realidad según como nos ubiquemos en nuestros afectos y afinidades.
Mirando nuevamente hacia adentro, ¿Qué consecuencias entiende que puede tener este fenómeno que estamos viviendo en el que se hacen difusos los límites entre gobierno, partido y central sindical?
Detrás de esto hay una visión transpersonalista, menos confesada, más disimulada, que es el ejercicio de la concentración de poder.
Muchos de los que han alcanzado el poder por la vía electoral, como es el caso del Frente Amplio, no lo hicieron por convicción sino porque era una vía útil.
Porque cuando intentaron ir por las armas tuvieron un fracaso estrepitoso. Pero el problema sigue siendo el mismo.
El tema no es el instrumento utilizado, sino el objetivo que es concentrar y mantener el poder.
Como el poder está mirado desde una visión institucional mucho más débil que la que tenemos nosotros, el derecho se convierte a veces en una molestia.
Las estructuras y la separación de los roles no son funcionales a lo que es el objetivo final y, por tanto, por ejemplo el poder sindical si no funciona en sintonía con la ambición de poder del gobierno no está respondiendo al concepto central de esa visión transpersonalista que interpreta a la democracia, como a una estructura burguesa con la que hay que vivir a desgano.
Hay que fijarse lo que sucede con Venezuela y con todos los países que están intentando reiterar la reelección de sus presidentes.
Es una forma de tratar de conservar poder y no una preocupación por asegurar la vigencia plena del sistema democrático.
Felizmente aquí no prosperó el empuje reeleccionista.
Es cierto, pero el gobierno, alertado de la posibilidad de perder las próximas elecciones, se suma al partido.
El partido, alertado frente a sus dificultades de alcanzar las mayorías absolutas, se alinea con los distintos actores sociales, Entonces tiene detrás de si las distintas corporaciones y organizaciones que deberían estar trabajando fuera del circuito político, pero que se incorporan a esta filosofía de concentración y mantenimiento del poder.
Según la opinión de muchos politólogos, la elección la decidirá un sector muy reducido de la población, que es el voto indeciso, independiente o de opinión. ¿Cómo se llega a ese voto? ¿Cómo se le convence?
Ese es un gran tema. Porque en realidad hoy hay núcleos duros de decisión.
Hay un porcentaje muy pequeño de indecisos, sobre cuya última voluntad se va a trabajar mediante millones de dólares en publicidad.
A ese indeciso hay que llegarle cometiendo la menor cantidad posible de errores, mostrarle un equipo de gobierno eficiente y una propuesta concreta, lo menos difusa posible.
Y hay que comprender sus insatisfacciones. El indeciso puede ser hoy mayormente el que está pagando impuesto a la renta, el jubilado, el que se siente inseguro…
A ese indeciso hay que llegarle con la seguridad de una respuesta simple y concreta.
La agresividad que está exhibiendo hoy el Frente Amplio, hacia el Partido Nacional, ¿crees que es una estrategia que le rendirá frutos, o lo contrario?
Mira, el Frente Amplio tuvo la gran ventaja de que durante su periodo la economía creció a un cinco o seis por ciento acumulativos.
Tuvo recursos para poder aplicar políticas sociales, con criterios distintos a los que nosotros creemos que deben aplicarse, pero tuvo esa posibilidad.
No se preparó la época de las vacas flacas y deja un déficit fiscal que es el doble de lo que dejó la administración Batlle que atravesó la peor crisis del país.
Esa bonanza, ese quinquenio de oro por el que atravesó, le está permitiendo hacer un discurso mucho más agresivo para el resto de las fuerzas políticas que no tuvieron esa oportunidad.
Pero al estar agrediendo de esta forma, también están disimulando la cantidad de contradicciones internas y los errores que se cometieron.
Basta analizar como se configuró la fórmula Mujica – Astori.
Lo que se hacía incompatible e irreconciliable se transformó en un compromiso de carácter político para enfrentar al enemigo.
El enemigo somos nosotros. No somos el adversario, somos enemigo.
Somos enemigos de una forma de pensar, de una filosofía que pone en peligro la propia vigencia de nuestra convivencia política.
Entonces, cuando ven que la bonanza que vino de afuera se convierte en una crisis también importada, lo primero que hacen es advertir sobre una derecha que no saben definir.
Esta agresividad responde a que ni aún teniendo a favor los buenos precios y la demanda internacional que los mercados le regalaron, están en condiciones de decir que el gobierno ha sido exitoso.
Y eso es lo que los va a poner cada día más agresivos. Porque al adversario hay que derrotarlo, pero al enemigo hay que destruirlo.
Y cuando si uno quiere destruir al enemigo en un sistema democrático, es que poco repara en la importancia de la tolerancia y de la rotación del poder.
Vayamos a temas menos coyunturales, más de fondo…
Bien, un tema central es la educación.
Todo el mundo habla de la reforma de la educación, pero es muy difícil hacer la reforma de fondo y estructural de la educación, porque el corporativismo educativo ya se ha puesto hasta en contra de las propias reformas que impulsó con sus propias mayorías el gobierno.
Tenemos que ir con medidas muy concretas en el tema de la escuela pública, las escuelas de tiempo completo, la necesidad de determinadas medidas muy puntuales en materia de deserción escolar, de reinserción escolar, rendimiento.
De estímulos muy puntuales sobre el funcionamiento de los maestros y los profesores.
El tema de la educación terciaria. Tratar de ir avanzando con los distintos institutos privados para que la universidad pública sea un lugar donde los que la financien no sean precisamente los más pobres para que salgan los más ricos.
Es un tema de fondo, pero no podemos hacerlo estructuralmente, sino que tenemos que ir tocando por medidas, porque la resistencia corporativa es muy fuerte.
¿Y la seguridad?
El tema de la seguridad está íntimamente vinculado. Ya no es sólo tener mano dura o liderazgo.
Tenemos que ver el sistema de la prevención y de la represión.
¿Cómo lo vamos a hacer?
La guardia nacional es un aporte, pero si no lo complementamos con rehabilitación, con inversiones importantes en el sistema carcelario, donde el 60 % de los presos son reincidentes…
Son temas que hay que ir tomando, pero no pensando que eso lo solucionamos en cinco años.
Si a la seguridad, a la educación, le agregamos el tema de la cohesión social, que es el gran drama del país, como política de mediano plazo, con una política de recuperación y de superación.
Acá en el fondo de la división política del país están los que piensan que la superación individual es una desviación hacia un capitalismo salvaje y bucanero.
Y los que piensan que la participación del Estado tiene que ayudar a tener ciudadanos que no sean capaces de competir o de obtener éxitos de carácter personal, porque es como consolidar al sistema con el que se quiere combatir que es el capitalismo.
Todo esto lo tenemos que ir marcando en una visión de fondo.
Otro tema es la energía...
Claro, ¿Qué visión de país tenemos en esta realidad? ¿Vamos a generar o no energía? ¿Quién lo hace? ¿Quién le pone el cascabel al gato de la UTE?
¿Quién le dice que es una empresa pública que tiene que participar, que tiene que ser abierta, competitiva, transparente y eficiente?
Pero que monopolios no, aunque estén derogados.
Tiene que generar energía el sector privado conjuntamente con la UTE pero que pueda ser capaz de competir y de llegar a una autosuficiencia en la generación de energía.
¿Cómo incorporamos a empresas públicas, como el caso de ANCAP a esta visión estratégica de país? Sobre todo la refinería…
¿Cómo desmantelamos este concubinato chavista que tenemos instalado en forma solapada?
Que el día que Uruguay cambie de gobierno y el gobierno sea el Partido Nacional, el presidente Chávez va a exigirle que le pague las deudas.
¿Cuál es el panorama en lo macroeconómico?
Tenemos un déficit fiscal muy fuerte, 3%.
Chile hizo una reserva contracíclica de 20 mil millones de dólares, Brasil de 200 mil millones de dólares, y nosotros nos gastamos todo en una fiesta populista.
En la pulseada entre el Ministro de Economía y el resto de las fuerzas del FA, siempre ganaban los que querían gastar más, y sin ningún tipo de resistencia del otro sector del gobierno.
Hoy nos enfrentamos a que el Uruguay ha perdido el 20 o 25 % de las exportaciones por razones de retracción de precios y de mercados.
El MERCOSUR se ha transformado en el 26, 27 %, cuando llegamos a tener el 50%.
Hemos diversificado muchos productos, pero también estamos dependiendo de los precios internacionales.
Y todo esto ha sumado a una torre de vencimientos que a partir del 2011 tenemos que empezar a enfrentar, porque debemos 4 mil millones de dólares más de lo que debíamos antes, debemos mucho más intereses.
Porque lo que se hizo, más allá de los instrumentos que algunos pudieron ser idóneos, fue correr la arruga de la alfombra para adelante.
Entonces cuando tengamos que enfrentar todo esto, que no nos vaya a suceder lo que está sucediendo en Argentina, que comienza a esconder los números, a disimular los índices y a estar pensando, ahora cómo arreglo con el Fondo Monetario Internacional para volver al circuito.
Todas esas cosas son parte de un gran desafío económico que vamos a tener, donde los recursos no van a ser los mismos; vamos a crecer a una tasa menor y vamos a tener que aumentar productividad y competitividad fortaleciendo el mercado y no gastando malamente los recursos de los que dispusimos por bondades externas como los precios internacionales o las demanda de coyuntura de la economía internacional.
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Senador Dr. Sergio Abreu
Entrevista de "La Democracia"
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