LLEGÓ LA HORA
Luego de una larga -¡larguísima!- campaña electoral, quedan pocas horas para que decidamos entre todos el futuro de nuestro país.
Todos debemos cobrar cabal conciencia de que este domingo en el cuarto de votación, solos frente a nuestras conciencias, estaremos tomando una decisión trascendente.
De lo que allí elijamos dependerá no sólo nuestro futuro en los próximos cinco años, esta particular elección definirá en buena medida el derrotero del Uruguay en el siglo XXI.
Y es que no estamos frente a una elección cualquiera. Elegir entre Lacalle o Mujica no es una mera cuestión de estilos o simpatías.
Estamos ante dos modelos de país que más allá de la vaguedad de conceptos del candidato tupamaro pueden ser definidos.
Elegimos con Lacalle un país integrado al mundo, que exporte bienes y servicios para dejar de exportar gente o con Mujica el aislacionismo que se niega a los tratados con Estados Unidos, China e India (lo dijo expresamente) y la dependencia de Venezuela.
Elegimos con Lacalle un país en el que la educación pública apunte a la excelencia para que todos nuestros compatriotas tengan iguales oportunidades y su destino luego dependa, como dice la Constitución, de sus virtudes y talentos, o con Mujica bajar aun más el nivel de la educación pública para que salve todo el mundo (lo dijo expresamente) y vivir una vida mediocre, insustancial, conformista.
Elegimos con Lacalle un país solidario con quienes necesitan la protección del Estado y que, al mismo tiempo, le dé cancha a quienes necesitan menos impuestos, burocracia y trabas para desarrollar sus proyectos o con Mujica asistencialismo que fomenta el pobrismo y la frustración para quienes pueden volar por sí mismos.
Elegimos con Lacalle un país que encare las reformas impostergables para avanzar veinte años en cinco o con Mujica un deterioro cultura que nos haga retroceder veinte años.
Elegimos con Lacalle un país dónde los jóvenes puedan conseguir trabajo y los adultos no vivan con el temor de perderlo o con Mujica la desatención absoluta que demuestra la derogación de la ley de empleo juvenil y la falta de políticas activas para los mayores de 40 años.
La diferencia entonces es de sustancia, no solo de forma.
Pero vayamos más a fondo. Las diferencias son fundamentalmente filosóficas y de concepto de país.
¿Qué país queremos? ¿Cómo vamos a conseguirlo?
Podemos tener un gobierno en serio que se anime a llevar a nuestro país al primer mundo o el mediocampìsmo conformista que se conforma con que Brasil nos tire unas chapas.
Apuntamos a más para todos o a seguir chapoteando en el fango. A volver a ser un país con un nivel de vida de primer mundo o a recibir órdenes de Chávez y Kirchner.
La cuestión es entre la Libertad que nos asegura las formas tradicionales del país y un crecimiento que nos permita vivir en el país que soñamos o un populismo que nos terminará de hundir. Eso es lo que elegimos, no nos podemos llamar a engaños.
Conozco al Dr. Lacalle desde hace algunos años. Por cierto que no tengo muchos recuerdos de su primer gobierno ya que en esa época estaba en la escuela, pero puedo dar testimonio de como trabajó para elaborar el programa de gobierno, para la formación de UNA y para llegar a esta instancia con todas las posibilidades de ser el próximo Presidente de la República.
No conozco a nadie con mayor altura de estadista para estar al frente del país.
Para comandar las fuerzas armadas, encargarse del orden interno, dirigir la política exterior, señalar para dónde va la educación, cuál debe ser la política en salud.
No lo dudo, el hombre es Luis Alberto Lacalle.
Confío en que la ciudadanía en la comparación entre los dos candidatos que pueden ser presidentes llegará a la misma conclusión.
A pocas horas de la veda, el panorama es claro: hay segunda vuelta y el Frente no tendrá mayoría parlamentaria.
Por lo tanto el 26 comienza otra historia de la que ya nos ocuparemos. Hoy sólo nos resta convocar a votar por el Partido Nacional que es el que ofrece el justo equilibrio para gobernar el Uruguay y para convocar a todos los uruguayos de buena voluntad a la extraordinario obra de la construir un país mejor.
Podemos gobernar mejor, podemos tener un país mejor, nos merecemos un país mejor. ¡Que así sea!
Por Hernán Bonilla

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